En un terreno doblemente cambiante como este (evolucionan la tecnología y también las costumbres), es inútil establecer reglas fijas. Sin embargo, ya que a usar nuestros móviles, algunos consejos pueden servir para, efectivamente, demostrar empatía con quienes quedan en el exterior o al otro lado de la pantalla.
Juan García, impulsor de y especialista en educación y nuevas tecnologías, señala que la prohibición o “mediación más restrictiva” se ha convertido en la estrategia más usada para amortiguar el impacto de las redes sociales en la vida cotidiana, . Sin embargo, él defiende “lo que se conoce como mediación digital habilitante”: “No podemos quitar el móvil en las comidas sin explicar por qué hay que estar presente en las mismas. No podemos denunciar el uso que se hace de los móviles en espacios compartidos sin reflexionar sobre ética. No podemos pretender que un chaval sepa elegir el canal y el tono de comunicación correcto si no se han trabajado las diferencias en ninguna etapa del sistema educativo”. Y añade: “Educar en tecnología es educar en valores. Algunos de esos valores son un consenso a nivel social y otros cambiarán entre cada familia o cultura, pero siempre dependen de la empatía y la habilidad para ponerse en la piel del otro”.
Si dentro del hogar la prioridad es la educación, fuera del entorno familiar se puede ser más tajante y aplicar directamente algunas reglas. Por supuesto, nada de conversaciones en voz alta (el uso del teléfono propio no debe afectar a los demás) y, si se está acompañado, la recomendación es mantener el dispositivo en el bolsillo y con el tono de llamada desactivado. “Siempre es mejor, aunque no siempre sea posible, conservar los teléfonos fuera de la vista. También es mejor tener un teléfono que vibre discretamente en lugar de sonar con fuerza (tomen nota, los boomers)”, advierte Wesson. ¿Y en la mesa? Porque hace ya años que los , casi como parte de la vajilla. “La importancia de mantener los teléfonos fuera de la mesa depende de la formalidad o la intimidad de la ocasión. Mantener el teléfono sobre la mesa transmite un mensaje contundente: ‘No estoy completamente concentrado en ti; puede haber algo más importante que tú’. En una reunión bulliciosa en una cafetería informal, esto probablemente pasaría desapercibido, pero en una comida romántica para dos o en una reunión formal, lo mejor es evitarlo”, insiste el experto.
“Una cosa es dejarlo sobre la mesa y otra muy distinta es no parar de mirarlo. Hay momentos en los que necesitamos hacerlo, pero, si somos sinceros con nosotros mismos, la mayor parte del tiempo no es así. Todos somos menos importantes de lo que nos gustaría creer y las cosas que nos envían son menos interesantes de lo que a sus remitentes les gustaría pensar”, continúa el director de Debrett’s. Esta consideración hace pensar en la prioridad de los mensajes. Si hasta hace algunas décadas la llamada era el medio usado tanto para lo apremiante como para lo anecdótico, ahora existe toda una gama de canales en forma de aplicaciones con las que el emisor, además de su mensaje, puede expresar la urgencia con la que necesita una respuesta.
Una de las características más sorprendentes de los smartphones es que contienen, entre muchos otros dispositivos, un walkie-talkie, un cliente de correo electrónico, una plataforma para reuniones a distancia, un contestador automático y varias salas de chat interminables. Con tal variedad de opciones (de la llamada al correo, pasando por el WhatsApp o el Zoom), es importante distinguir entre comunicación sincrónica (que se produce en tiempo real, como una llamada) y asincrónica (la respuesta llega más adelante), ya que la confusión entre ambas está en el origen de muchos roces y contratiempos.
“A mí una llamada me resulta invasiva y tengo 44 años”, comenta García, desmintiendo el mito de que solo cuando no han sido concertadas previamente. “Una llamada es una interrupción, implica dejar lo que estoy haciendo y atenderte independientemente de si estoy en una reunión de trabajo, llevando a mi hijo a extraescolares o cenando con mi novia. A una llamada no puedo volver, ni revisar si me dijiste a las 10.00 o a las 11.00”, continúa. “La comunicación asincrónica da la oportunidad al otro de elegir el momento adecuado para responder y atender, reservando las llamadas para cuestiones excepcionales. Sin duda, los jóvenes son mucho más conscientes de estas diferencias y me parece un avance maravilloso. ¿Una generación que antes de llamar envía un preguntando ‘¿te puedo llamar?’. ¡Dónde hay que firmar!”.
Así que, aunque hoy la posibilidad del acceso digital a alguien es prácticamente permanente, debemos entender que su disponibilidad no siempre será inmediata (por ejemplo, a la hora de recibir la respuesta a un WhatsApp que ya ha sido leído). Algunos expertos, como Patricio Martínez, arquitecto y teórico de las ecologías (o vidas) digitales, creen que todavía faltan consensos y herramientas que nos hagan la vida virtual más cómoda; es decir, necesitamos más práctica y plataformas menos rígidas. “No me parece mal en sí mismo que yo pueda enviar un correo a las cuatro de la mañana o enviar un WhatsApp. Lo importante es que esas notificaciones puedan ser bloqueadas porque nadie tiene que comerse que mis biorritmos sean otros o que tenga insomnio”, sostiene. En opinión del también profesor, queda trabajo por hacer, porque la libertad de elegir en qué momento contestar no debe interpretarse como falta de cortesía o de protocolo. Para eso, insiste: “En las cadenas de información donde hay un emisor tiene que haber un bloqueador para que el receptor reciba el mensaje cuando él decida”.
En cualquier caso, el alineamiento entre plataforma, emisor y receptor nunca será completo, y en esas transiciones entre elementos interviene, de nuevo, la capacidad para realizar un pequeño esfuerzo y ponernos en el lugar del otro. Como concluye Wesson: “El medio de comunicación adecuado es siempre el que resulta idóneo para la persona a la que deseas hacer llegar un mensaje, incluso aunque este no sea tu medio preferido”. Y es que, mientras nosotros hacemos lo que podemos, la tecnología continúa avanzando. A veces, hasta resuelve el problema que acababa de generar. Por ejemplo, hace pocos años casi todo el mundo coincidía en que los mensajes de voz o cualquier otro tipo de grabación resultaban sumamente molestos, pero actualmente la mayoría de los dispositivos son capaces de transcribirlos. Conflicto resuelto, aunque aparecerán otros.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
