Las decepciones forman parte de la vida. Una promesa que no llega, alguien que no está cuando se le necesita o una relación que no resulta como uno imaginaba pueden y la realidad que por el hecho en sí. Sin embargo,: algunas se consiguen dejar atrás en cuestión de días y otras ¿Qué hace que una decepción se nos quede tan dentro? La respuesta no depende únicamente de lo que ha ocurrido, sino también de lo que esperábamos que ocurriera.
“Hay personas que viven constantemente decepcionadas con los demás porque la realidad nunca consigue estar a la altura de sus expectativas”, explica la psicóloga y divulgadora Patricia Ramírez Loeffler, conocida en redes sociales como, com más de 833.000 seguidores . La experta explica que la decepción aparece cuando las personas esperan algo del otro que este no prometió dar. “Esperan que los demás tengan la misma forma de querer que ellas, de agradecer, sus mismos valores, el mismo modo de estar presentes, y si no, sienten decepción”, resume. Y puntualiza: “Cada persona tiene sus propios límites, sus heridas y establece sus prioridades, por lo que si alguien hace daño a otra persona por poner límites, y por ello, siente decepción con todo el mundo, el problema es suyo”.
En un estudio publicado en mayo de 2026 en la revista científica European Journal of Neuroscience (EJN), llamado , los autores plantean la existencia de un “circuito de decepción” que complementa al sistema clásico de recompensa dopaminérgica, y concluye que la decepción aparece cuando el resultado es peor de lo que esperábamos. “Esperaba que me llamara, esperaba que me ayudara, esperaba que se alegrara por mí… suelen ser algunas de las expectativas”, comenta Ramírez. “Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Esta expectativa era realista, la habías hablado previamente con la otra persona o ya la dabas por hecho? Lo recomendable es dejar de pedirle al otro que actúe como tú lo harías; este es el principio para comenzar a relacionarnos de una manera más sana”, agrega Ramírez.
El estudio publicado en el EJN distingue entre los mecanismos relacionados con la respuesta inmediata ante un resultado negativo y aquellos que podrían contribuir a que las experiencias decepcionantes acumuladas influyan en las expectativas y estado de ánimo a largo plazo. “No ponemos la misma ilusión en todo. No duele igual que se cancele una cena que descubrir que una persona en la que confiabas no estuvo cuando la necesitabas. En el segundo caso no solo se rompe un plan, sino que”, asegura la psicóloga.
Por otro lado, la decepción también puede obligarnos a cambiar nuestras expectativas. Otro estudio publicado en julio de 2025 en Journal of Affective Disorders, titulado , basado en cuatro experimentos, analizó qué ocurre cuando los resultados se alejan de lo que esperábamos. Los investigadores observaron que, cuando la información recibida era negativa, mayor era la distancia respecto a lo esperado y mayor el cambio en las expectativas.
“Una cosa es pensar ‘esto no ha salido como esperaba’ y otra, mucho más dolorosa, concluir ‘no soy importante’ o ‘he fracasado’. La decepción informa de que había una distancia entre nuestra expectativa y la realidad, pero no demuestra que esa interpretación sobre nosotros sea cierta. A veces, seguimos esperando que la realidad nos dé una respuesta distinta: que nos elijan, que pidan perdón o que aquel proyecto vuelva a ser posible. Soltar una expectativa también puede llevar a un duelo”, agrega la experta.
Otra de las conclusiones del informe publicado en el EJN es que la decepción sirve para aprender, y no solo para hacernos sentir mal. El estudio expone que, cuando ocurre algo peor de lo esperado, el cerebro registra esa diferencia y puede utilizarla para modificar lo que se hace después. Y es la habénula lateral la que estaría especialmente implicada en esa respuesta rápida porque ayuda a actualizar expectativas y ajustar la conducta ante un resultado negativo. “Se trata de buscar un aprendizaje que se pueda convertir en una acción. Quizá , preparar otro plan o aceptar que esa persona no puede ofrecerme lo que busco. Aprender no consiste en encontrarle una moraleja bonita a todo, porque a veces el aprendizaje es tan poco romántico como dejar de llamar a la misma puerta”, sostiene.
La psicóloga y sexóloga, experta en relaciones de pareja, cuenta que son muchas las personas a quienes les cuesta volver a confiar después de sufrir una decepción. “Dejan de creer en el amor, y puede entenderse. Cuando un vínculo termina con una decepción o con una herida, aparece el miedo a no volver a confiar”, asegura.
Sin embargo, confiar de nuevo en alguien o justificar lo injustificable, sino abrir el corazón de otra forma, mediante el autocuidado y estableciendo límites. “Volver a confiar es haber trabajado tanto en ti que sabes que, aunque alguien te vuelva a decepcionar, no volverás a abandonarte. Hay que poner los límites necesarios y elegir desde la serenidad y no desde la carencia o la necesidad”. Y subraya: “Significa aceptar que tener una mala experiencia no supone que las que vengan vayan a ser igual, en los vínculos es importante el autoconocimiento, la resiliencia y tener los recursos para construir nuevas relaciones más sanas después de una decepción”.
Por último, el hecho de haber sufrido una decepción no significa que vayan a sucederse otras en el futuro, por lo tanto, tal y como señala Magdala, una decepción aislada puede enseñarnos a reajustar nuestras expectativas. Muchas decepciones acumuladas pueden acabar cambiando la forma en que esperamos que ocurran las cosas. “Para ello, lo más importante es establecer expectativas razonables, porque sanar lo anterior no significa dejar de sentir miedo, sino impedir que dirija tu vida”, aconseja.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
