Carlos (Madrid, 46 años) tiene dos hijos: una niña de 10 años y un niño de 13, de los que se va a separar temporalmente porque se van a vivir con su madre a otro país. Carlos siente que es el momento de , algo más introvertido que su hermana, ya que este ha ingresado en la adolescencia con ese voto de silencio que algunos chicos parecen haber firmado. “No sé cómo abordar el tema”, confiesa, “y conozco a muchos padres en la misma situación”. Ese discurso que muchos progenitores se sienten obligados a dar a sus hijos produce en algunos tanto desasosiego que, cuando llega el momento, se hace torpemente, deseando acabar, y con la exclusiva audiencia de un adolescente que no ve motivos de alarma suficientes para romper su mutismo. El joven, que puede que registre ya o que haya tenido algún que otro escarceo amoroso, mira a su padre con cara inexpresiva mientras sus pensamientos oscilan entre el :“Venga, papá, si ya me lo sé todo”. Y el: ”¡Jo, pues sí que lo está pasando mal el pobre!”.
El caso de Carlos no es el habitual porque según (IRIE-UIB) de la Universidad de las Illes Balears, la educación afectivo-sexual en el hogar sigue recayendo de forma mayoritaria sobre las madres. El trabajo realizado con 457 jóvenes universitarios revela que tanto las chicas como los chicos hablan mucho más de sexualidad con sus madres que con sus padres, especialmente ellas. Este patrón refleja que la responsabilidad de acompañar, escuchar, explicar e informar .
Tras hablar con sus madres, ambos sexos ganan en confianza y desmontan mitos, pero en el caso de ellas se observa con más claridad la cadena completa: hablar, sentirse más seguras, tener creencias más saludables, creer en menos mitos sexuales. En los chicos esta ruta también existe, pero es más débil.
Hay con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 que analiza las prácticas, actitudes y percepciones de padres y madres sobre la educación sexoafectiva que reciben sus hijos. Así, hablar de sexualidad en casa sigue siendo difícil para muchas familias españolas: un 15,4% nunca ha tratado la educación sexual con sus hijos y un 25,2% lo ha hecho una vez o casi nunca.
Un aspecto clave del estudio es el sesgo de género. Entre quienes tienen hijas, la preocupación se centra en que puedan sufrir violencia sexual (35,8%), acoso sexual (34,9%), violencia por parte de su pareja (31,3%) o un embarazo no deseado (24,1%). En cambio, a los padres de hijos varones les preocupan más las prácticas de riesgo, como el mal uso de anticonceptivos (40%), la posibilidad de contraer una ITS (30,9%) o la adicción al sexo o a la pornografía (23,2%). Aunque el 62,2% de padres y madres afirman querer mejorar su formación en educación sexual, entre las barreras más mencionadas están la falta de información sobre recursos (33,7%), la falta de tiempo (28,1%) y la percepción de que los contenidos existentes están desactualizados o contienen errores (22,6%).
“Lo que no saben algunos padres es que ya llevan hablando de sexo a sus hijos desde que nacieron”, comenta Raúl González, sexólogo, psicopedagogo y terapeuta de pareja del gabinete de apoyo A la Par, en Madrid. “No con palabras, pero sí en la forma en la que se comportan en casa con su pareja y sus muestras de afecto hacia ella; en la manera que reaccionan ante las escenas íntimas de una película o en la cara que ponen cuando van por la calle y ven a dos personas del mismo sexo besándose. Es imposible no educar. Inevitablemente, estamos educando siempre a nuestros hijos con nuestra manera de actuar frente a las situaciones de la vida”.
Hay un punto clave en la vida de toda adolescente que es la llegada de la primera menstruación. Este momento requiere de una charla explicativa o recomendaciones sobre higiene, cuidado y prevención que suelen hacer las madres, que lo han vivido en sus propias carnes. “El chico, sin embargo, carece de ese momento puntual y, generalmente, recibe menos atención en este sentido”, subraya Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga clínica, terapeuta del Centro Máxima, en Barcelona, y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología. “A los chicos se les da menos espacio o se supone que van a rehuir habar de estos temas. Consecuencia de esto es que tienen muchas dudas en cuando a consentimiento, qué es pasarse o no pasarse, ¿hay que seducir o esperar a ser seducido? Afortunadamente, en internet no solo hay porno, hay también , un espacio para jóvenes donde hablar, compartir ideas, crear comunidad y pedir apoyo en materia de sexualidad”, recomienda.
Cuando solo la madre habla de sexualidad, “el padre pierde su oportunidad de dar su visión, de acabar con los estereotipos patriarcales, de dejar de enmarcarse siempre en la figura del proveedor y de enseñar a sus hijos que el hombre también puede sentirse identificado con conceptos como el cuidado, el cariño, la empatía o la emocionalidad”, cuenta González.
A veces, también ocurre que son los hijos los que prefieren no hablar de estos temas con los padres, por muy bien que se lleven con ellos, y prefieren tratarlos con amigos, compañeros de clase o hasta profesores antes que con sus progenitores. “Lo importante es que sepan que los padres son siempre un apoyo al que poder recurrir cuando existe un problema o algo que les preocupa demasiado, y esa confianza se construye en el día a día, desde la niñez”, explica Molero.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
