Ya está aquí, ya llegó La vegetación de muchas especies renace en las semanas en las que han bajado las temperaturas, y se retoman tareas propicias de estas fechas: el abonado bajo en nitrógeno, ligeros pinzados, plantaciones... Ahora, unas plantas copan las estanterías y expositores de los centros de jardinería e incluso de los supermercados. Se trata de los bulbos, órganos de reserva muy especiales de algunas plantas que eligen esconderse bajo tierra en los momentos que les son desfavorables a lo largo del año.
Habría que aclarar que, aunque se meta en el bulbosas a innumerables géneros de plantas, no todas crecen a partir de un bulbo, ya que existen otros órganos de reserva. El bulbo en sí es un conjunto de hojas agolpadas o catáfilos, al igual que las capas de la susodicha cebolla, con células especializadas en almacenar almidón y otras sustancias que permitan al órgano brotar cuando regresen las lluvias otoñales.
Otro de estos órganos es el cormo, un tallo transformado al igual que el bulbo, pero que carece de las capas que la mayoría de bulbos poseen. La vida del cormo es normalmente corta, un año, después del cual el propio cormo produce uno nuevo; es decir, está en permanente renovación, cual ave fénix. Los gladiolos (Gladiolus spp.) y son buenos exponentes de plantas bulbosas que poseen un cormo.
Con el tubérculo tenemos otro de los órganos de reserva cuyo origen es un tallo transformado, muy conocido por cualquiera desde el colegio gracias a que uno de sus abanderados es la patata, a partir de la que surgirán esos brotes que sí son tallos verdaderos. Por último, en este somero e incompleto repaso anatómico, , que es lo que tienen las dalias (Dahlia cv.), con esos engrosamientos radiculares de gran calibre que procuran la reserva necesaria para sobrevivir a los malos tiempos.
El ciclo natural de las bulbosas que se plantan preferiblemente entre septiembre y noviembre es el que se atiene al despertar otoñal. Las lluvias que regresan a mojar la tierra, junto con el descenso de temperaturas, son dos de los factores climatológicos que despiertan al bulbo, que iniciará así su ciclo de crecimiento aéreo, sobre la tierra. Entre el otoño y el final de primavera, la planta formará hojas y flores, para después recoger todos los bártulos y enterrarse de nuevo, protegida en su útero subterráneo.
Dicho todo lo cual, nada hay más sencillo que acercarse a la floristería o al vivero y comprar varias de las bolsas en las que se comercializan las bulbosas, aunque también se encuentran a granel. Como regla general, cuanto más grande sea el órgano de reserva la floración será de más calidad. Igualmente, habrá que vigilar que el bulbo o similar esté turgente y firme al tacto; si se nota que al tocarlo sus paredes ceden, puede ser una señal inequívoca de pudrición. Precisamente, en el cuadro del Museo del Prado , pintado entre 1636 y 1638 por el holandés Herman van Swanevelt, se ve al monje retirar los bulbos en mal estado. En su costado izquierdo sostiene una criba con varios bulbos, mientras que observa con admiración al que eleva en la mano derecha; sobre la roca a sus pies yacen tres bulbos descartados, seguramente inviables. Esta obra se puede contemplar en , hasta el 31 de enero de 2027.
Para saber la profundidad a la que hay que plantar se puede emplear la regla general de enterrar el bulbo el doble de su tamaño; pero, por si acaso, será mejor consultar alguna de las tablas específicas para cada género. En plena vegetación les ayudará tener a su disposición algún rico en fósforo y potasio, lo que mejorará la vitalidad de la flor y el posterior almacenaje de reservas en el órgano subterráneo.
Los bulbos también se pueden plantar en compañía de otros vegetales, como herbáceas perennes entre las que se encuentran las caléndulas (Calendula officinalis) y otras muchas, o al pie de arbustivas, por ejemplo. Lo importante para la gran mayoría es que gocen de una luminosidad muy alta, con algunas horas de sol, si bien hay algunas más tolerantes con la sombra, como las (Galanthus cv.) y los ciclámenes (Cyclamen spp.)
Además de las mencionadas, otras bulbosas aguardan impacientes para aportar su color a la terraza y al jardín: narcisos (Narcissus cv.), jacintos (Hyacinthus cv.), muscaris (Muscari cv.), anémonas (Anemone cv.)... Por poco dinero se conseguirán muchas alegrías al disfrutar del ciclo apasionante de estas resistentes plantas.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
