“Mi novio es mi mejor amigo”: ¿es bueno que una sola persona ocupe tantos espacios en nuestra vida? | Vive Saludable

“Mi novio es mi mejor amigo”: ¿es bueno que una sola persona ocupe tantos espacios en nuestra vida?

“Mi novio es mi mejor amigo”: ¿es bueno que una sola persona ocupe tantos espacios en nuestra vida?

Eldecía que una relación de amor es una amistad con momentos eróticos. Una frase que resume una máxima: las parejas se construyen sobre pero también sobre la confianza y la complicidad. Son relaciones que, en el mejor de los casos, suelen transformarse en un vínculo en el que la otra persona se convierte en confidente y apoyo emocional, y también en mejor amiga. Entonces surgen las preguntas: ¿es sano que una sola figura ocupe tantos espacios en nuestra vida? ¿O es precisamente esa estrecha e inigualable amistad la que sostiene la relación?

“Puede ser muy saludable que nuestra pareja también sea nuestra mejor amiga. Eso habla de esa unión e implica que existe confianza, complicidad, admiración y ganas de compartir vida”, explica, psicóloga sanitaria y terapeuta de pareja y familia. Pero también existe un riesgo: que esa persona se convierta en un todo. “Se espera que sea quien te escuche, te calme, te divierta, te aconseje, que comparta contigo tus intereses, tus necesidades de intimidad... Coloca demasiado peso en la relación y, además, no deja espacio para incluso pensar sobre la misma”, sostiene la experta.

En algunos casos, esa persona se convierte en el apoyo emocional principal, en los buenos y en los malos momentos; para otros, atribuir tantos papeles a una sola persona resulta excesivo y defienden la importancia de . “¿Es una persona importante o central en mi vida? Está bien. ¿Se ha convertido en la única persona que tengo? Entonces tenemos un problema. Podemos tener un vínculo de pareja superíntimo y conservar otras amistades, tener intereses distintos y tener esa relación de pareja íntima y conectada, poder compartir espacios, pero también tener espacios separados. Eso sí que enriquece la relación”, puntualiza De Prado, autora del libro ¿Cómo relacionas en pareja? (Luna Nueva, 2020).

Nerea, de 28 años, entiende su relación de la segunda manera. Su pareja es su amigo, pero no deja que ocupe cada espacio de su vida. “Tu pareja también tiene que ser tu amiga al final del día, porque es una persona con quien compartes cosas, a quien le cuentas secretos... pero no lo categorizaría nunca dentro de lo que es un mejor amigo, porque eso siento que idealiza mucho la relación y marca distancia con el resto de amistades”, explica. Ella, reconoce, no le cuenta todo a su novio: “Hay cosas que nos tenemos que guardar para nosotros como individuos que somos. Hay veces que me siento más cómoda compartiendo con mis amigas que con él, que es un hombre, y hay realidades que, por muy empático y comprensivo que sea, nunca va a entender”.

El problema también aparece cuando se espera mucho de ese vínculo y se deposita toda la energía en que eso funcione. puede sobrecargarla. En muchas ocasiones, necesitamos hablar con alguien que no sea esa pareja. Imagínate que en un enfado no tengo con quién hablar fuera de mi relación. Si en un momento necesitamos tomar cierta distancia o compartir algo con otros, eso va a ayudar a ventilar un poco emocionalmente la relación. Que tenga que ocupar todos los lugares puede terminar asfixiando el propio vínculo”, defiende la terapeuta. La psicoanalista Magdalena Salamanca apunta en la misma dirección: “Los seres humanos, a pesar de ser seres sociales, tendemos a querer encontrar en una sola persona todo. Pero esto no es posible. El amor verdadero, esa persona ideal, es la que nos da todo, con ella nos sentimos completos, pero esta sensación no es eterna, dura lo que se prolonga el enamoramiento”.

Eso le ocurrió a Raquel, de 30 años, con su expareja, con quien llevaba cuatro años. “Hacíamos todos los planes juntos, el uno no podía ir sin el otro a ningún lado... Yo encontré en él un apoyo que acabó convirtiéndose en mi todo y acabé, sin darme cuenta, aislándome de mis amigas. Ya no necesitaba su apoyo o sus consejos, porque le tenía a él y con eso entendía que era suficiente. Cuando todo empezó a tambalearse me di cuenta de que me había ido distanciando de todo”, explica. De Prado muestra la importancia de tener una “red propia”: “Nos permite tener mejores capacidades de regulación emocional porque puedo contar con mi pareja, que me ayude y que esté a mi lado; pero también cuento con otros recursos, con otras personas. Si consigo que no sea solo mi pareja quien consigue calmarme, orientarme, hacerme sentir segura, realmente desde ahí estoy haciéndome cada vez más fuerte”.

La pareja acaba convirtiéndose en una pieza del puzzle de la vida, pero hay que saber cómo colocarla en el lugar que corresponde porque, en caso de ruptura, volver a reconstruirlo es misión imposible. “Siempre que se da una ruptura, resulta mucho más dolorosa cuando nuestra pareja lo ocupaba todo. Lo que pierdo es una persona con la que compartía todo, a la que le contaba todo lo que sucedía... Se da una paradoja muy dolorosa: la persona a la que querría contarle lo mal que estamos es precisamente quien está provocando ese dolor. Por eso es importante cuidar las relaciones afectivas”, señala la psicóloga.

¿Qué tipo de relaciones tienen más posibilidades de prosperar? La psicoanalista Magdalena Salamanca lo tiene claro: “Aquellas parejas que no mezclan ambas facetas, queriendo que sean una unicidad. Respetar los límites de la relación y de la amistad son fundamentales; es como una pareja que comparte un negocio, han de saber poner límites a ambas funciones”.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.