El problema muchas veces radica cuando esos roles se adjudican desde la adolescencia, cuando la personalidad individual no está bien definida y la influencia de la comunidad es mucho mayor. “Si el rol se mantiene a lo largo de nuestra vida, no tiene en cuenta que las personas cambiamos porque aprendemos cosas y nos relacionamos con otras personas. Si no se renegocia y se va flexibilizando a lo largo del tiempo, puede ser, por una parte, algo que simplifique y que empobrezca las relaciones y, en casos más dramáticos, algo que frustre a la persona a la que se le ha asignado ese rol, creándole una sensación de malestar o incluso provocando la pérdida de conexión con esa comunidad”, advierte la médico psiquiatra y psicoterapeuta Ana Isabel Sanz, directora clínica del Instituto Psiquiátrico IPSIAS.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
